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Artículos y Consejos sobre Educación Vial

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EL SOCORRISTA
Dr. Usparitza, 18-01-2005

Los daños físicos de las víctimas de accidentes de tráfico, se ven incrementados alarmantemente por las torpes manipulaciones y trato que reciben los interesados, así como por los precipitados e inadecuados medios de transporte que se emplean.

En tanto que no se disponga de una red de medios de asistencia y transporte adecuados, que cubra gran parte de la red de carreteras y las poblaciones, se precisa con urgencia preparar al público en general –y en especial a los conductores-, en las normas esenciales de los primeros auxilios, labor que está encomendada a todos los responsables que se dedican a esta importante misión. Con esta preparación, con estas enseñanzas, se evitaría, sin duda, la pérdida de muchas vidas.

EL PORVENIR DEL ACCIDENTADO

Es preciso insistir en que se conozca por todos los usuarios de la carretera que el futuro inmediato y remoto del accidentado depende de tres puntos básicos en su atención: primeros auxilios en el lugar del accidente, traslado y posteriores cuidados en el centro de socorro.

Al auxiliador, al experto, al socorrista le corresponden los dos primeros cometidos. De lo que el socorrista haga y de cómo lo haga, en el propio lugar donde se encuentra la víctima –interior del vehículo, sobre el pavimento, en el barranco, etc.- y posterior, en la evacuación, dependerá en gran manera el accidentado.

NUESTRO APLAUSO AL SOCORRISTA

Son los socorristas personas de ambos sexos, de las más diversas profesiones, oficios u ocupación que tienen todo nuestro respeto y, por supuesto, especial reconocimiento y agradecimiento, por dos razones: primero, por la práctica y efectiva que puede ser su labor y por el sacrificio y afán de superación que han demostrado al sentir preocupación e interés por adquirir elementales conocimientos de medicina, con objeto de ser útiles a los demás.

Ello no es más que reconocer los méritos, sobre todo de aquellos que no reciben en compensación –los que al no percibir emolumento alguno, su humanitaria misión resulta enteramente altruista- otra cosa que el aplauso y el reconocimiento de todos y por haber dado ejemplo de solidaridad y cristianismo vivo.

EL DEBER CUMPLIDO

Por supuesto que son más las molestias que los beneficios que el socorrista obtiene por prestar un auxilio, que a veces, incluso, comprometen hasta su propia vida, pero no olvidemos que el socorrista que ha tenido la oportunidad de actuar –sobre todo si su intervención ha sido fructífera-, experimenta, culminada su humanitaria misión, una íntima y gran satisfacción, sentimiento imposible se describir en letra impresa. Es la satisfacción del deber cumplido y solamente esto justifica sobradamente toda su entrega, todos sus desvelos, sacrificios y riesgos.

NO ACTUAR MAS ALLA DE LO QUE SE SABE

No obstante, el socorrista no deberá realizar más allá de lo que sus conocimientos le permiten. Sin una buena preparación previa del socorrista, las maniobras de salvamento y reanimación pueden entrañar un grave riesgo para la víctima, en los momentos cruciales en que puede estar en juego su vida.

Decimos en nuestro manual “Primeros Auxilios en Carretera”: “No basta la buena voluntad ante un accidentado en carretera, ya que si ignoramos los cuidados que debemos prestar a la víctima, se puede convertir en perjudicial una asistencia que se creía beneficiosa. Resulta triste, trágico y lamentable, encontrarse delante de una persona que se desangra, que se ahoga, con un corazón que deja de latir o una respiración que se acaba y por un absoluto desconocimiento de los auxilios que deben prestarse, presenciar impotente como se va una vida. Lo propio que resulta triste y lamentable que cuando el accidentado llega a la presencia del médico, a éste le resulte más difícil remediar el mal producido por manipulaciones de manos inexpertas, que aquel otro mal que el accidente produjo”.

Estemos prontos para hacernos hermanos de toda persona que necesite nuestra ayuda...., pero estemos preparados para poder y saber prestársela.

Háganse socorristas para que su humanitaria misión de buen samaritano, sea práctica y efectiva y pueda sentir así la íntima y gran satisfacción del deber cumplido.

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