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Artículos y Consejos sobre Educación Vial

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LA MUJER Y EL AUTOMOVIL
Dr. Usparitza, 18-01-2005

Según se afirma, la vida media femenina es mayor que la masculina. Una pérdida de sangre bien tolerada por la mujer, puede matar a un hombre. Parece ser que las niñas recién nacidas tienen más vitalidad que los niños. Biológicamente pues, se asegura que el sexo femenino es más resistente, tiene más vitalidad y sobrevive más años que el masculino.

HOMBRE Y MUJER

No existen factores valorables que demuestren que la mujer posea inferioridad sicofísica, sin embargo se achaca a la mujer al volante poca resistencia física y reflejos menos rápidos que los del varón. Es posible que sea cierta la aseveración descrita, pero en compensación podemos decir que no abusa como el hombre del alcohol y de la mesa, excesos –estos y otros- que provocan no pocos accidentes. Lo propio podemos decir del espíritu “competitivo” casi nulo en la mujer. En prudencia gana mucho la mujer aunque, generalizando, no sea tan experta.

Ellas se arriesgan menos, corren menos, infringen menos en cosas importantes. En los accidentes protagonizados por mujeres, generalmente la cosa no suele pasar de abolladura en parachoques y carrocería y, quizá, algunas tiras de esparadrapo. Nos referimos, claro, a colisiones ocasionadas por ellas, no atropellos. Así pues, se les cataloga a las mujeres en general como menos habilidosas, pero también más cautelosas, más disciplinadas observando fielmente las reglas del tráfico; en suma, provocan menos accidentes que los hombres, de ahí que se haya dicho que si solamente se permitiese conducir a las mujeres, el tráfico rodado sería menos sangriento.

VEHÍCULOS INADECUADOS

En contra de la comodidad –que es sinónimo de seguridad-, en la conducción femenina está en que el automóvil ha sido concebido preponderantemente por el hombre. Parece ser que los fabricantes aún no las tienen en cuenta, más que en detalles superfluos, sin relación alguna con la seguridad.

Por otro lado, un buen número de mujeres conducen de prestado. Llevan el coche del marido o de cualquier familiar y ninguno de estos, ni por supuesto ellas –salvo raras excepciones- se preocupan de adaptar el vehículo a sus necesidades, por ejemplo, suplementando y corrigiendo distancias del asiento, modificando la inclinación del respaldo, empleando materiales idóneos para evitar sudoraciones, congestiones pélvicas y genitales, etc. Si acaso, corrigen la posición del espejo retrovisor para contemplarse, no para adaptarlo a la circulación.

POSICIONES VICIOSAS: CONSECUENCIAS

Al igual que los hombres, la mayoría de las conductoras se sientan demasiado cerca del volante. Se trata de un vicio clásico de las “novatas” que creen tener más visibilidad y dominio “metiéndose” encima del volante, cuando en realidad es todo lo contrario.

Como no adaptan el asiento y el respaldo a su anatomía, si no todo lo contrario, las posiciones forzadas, incómodas y anómalas les originan –si conducen con frecuencia y largueza- dolores de espalda, de región lumbo-sacra (riñones), nuca y cabeza y la temida fatiga.

Asimismo, son posibles la provocación de calambres, parestesias y sensación de acorchamiento en miembros inferiores.

Para evitar todas estas desagradables contingencias, habrá de corregir el asiento y respaldo, suplementando si fuera preciso el asiento y adaptar correctamente el apoyacabezas.

INDUMENTARIA

Es básico disponer de libertad de movimientos cuando se conduce. Para viajes relativamente de largo recorrido, en los que es preciso estar más de una hora en carretera, no recomendamos usar prendas como abrigos, impermeables, maxifaldas, etc. Debe utilizarse blusas, jerseys, pantalones, etc., prendas elásticas y sin rigideces. El calzado ideal es el amplio, cómodo y sin tacón o reducido al mínimo. Con humedad en el ambiente, calzado que se adapte correctamente a los pedales, a ser posible con suela estriada. El cinturón de seguridad, que se adapte a su personal anatomía, en sus proporciones superior, oblicua o pectoral y en su tramo inferior, horizontal y pélvico, mal llamado “abdominal”.

MENSTRUACIÓN Y MENOPAUSIA

La menstruación no contraindica la conducción, salvo en aquellas féminas en el que el estado menstrual esta afectado con molestias de diversa índole, sobre todo de tipo doloroso y con pérdidas abundantes, que interfieren por si o por los remedios empleados –fármacos- que se aplican, su capacidad de conducción. En forma similar nos pronunciamos respecto a la menopausia alterada.

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