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Artículos y Consejos sobre Educación Vial

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LA DYA PIONERA ENPREVENCIóN Y ASISTENCIA
Dr. Usparitza, 18-01-2005

La DYA fue pionera en numerosas iniciativas relacionadas con la educación y prevención vial y formación de los usuarios, como de la asistencia de quienes sufrían un accidente de tráfico, prestándoles una atención digna y segura.

Ya en 1.967, la DYA, contumaz previsora de la necesidad de humanizar la carretera y ansiosa de salvar vidas, solicito de la entonces Jefatura Central de Tráfico del Dpto. de Gobernación, el control de la alcoholemia en los accidentes de tráfico, el carnet provisional para los conductores noveles, el que para obtener el permiso de conducir se incluyera en los temarios, nociones básicas de los primeros auxilios y la obligatoriedad de portar triángulos señalizadores en los vehículos para casos de avería o accidente.

Transcurrieron años para que las distintas Administraciones asumieran la obligatoriedad de controlar el alcohol (6-XI-1.973) y el portar triángulos (1-III-2.000) y en 1.971 se curso una nueva petición, la de que los niños no ocuparan los asientos delanteros (popularizando el eslogan “NIÑO DELANTE, PELIGRO CONSTANTE") y la obligatoriedad de utilizar el cinturón de seguridad, que no se llevo a la práctica hasta pasados años (22-V-1.975).

Para entonces y desde el año 1.967, la DYA había marcado en el Estado (tan solo un año desde que naciera), la pauta y directriz a seguir en todo accidente con víctimas, creando lo que se denominaría como “Auxilio Sanitario en Carretera”, consiguiendo implantar un servicio de ambulancias con personal capacitado, en servicio ininterrumpido de 24 horas, cediendo sus dos primeras ambulancias a la Jefatura Central de Tráfico.

EL AUXILIO SANITARIO EN CARRETERA

LAS INICIALES ASISTENCIAS

Al tiempo de la creación del “Auxilio Sanitario en Carretera”, había que informar y formar al público y en especial a los conductores para que, siendo testigos de accidentes, actuaran correctamente desde sus inicios, desde “in situ” y hasta la llegada del socorro peticionado, juzgando que en esos minutos el futuro inmediato y remoto de las victimas se encontrarían a merced de los voluntariosos pero inexpertos colaboradores de turno, generalmente ignorantes de los conocimientos mínimos para prestar una asistencia que hasta la creación del “Auxilio” era torpe y precipitada, actuando ciegamente, causando daños añadidos a los producidos por el propio accidente.

Esquematizaremos aquello que difundimos desde los años iniciales de nuestra entidad, para lograr que, ante los accidentados de tráfico, el público actuara de manera ordenada y eficaz, prestando auxilios desconocidos por las mayorías e incluso por los que se creían capacitados y casi por norma carecían de conocimientos y de un arte que no puede ser improvisado.

Sabemos que los estados patológicos que siguen a los graves accidentes de tráfico son, en general, más peligrosos que los sufridos en la casi totalidad de los accidentados por
otros orígenes. Aquí vemos una serie de fallos que desorganizan el equilibrio vital, al afectar a las funciones respiratoria y circulatoria, fallos que han de corregirse sin demoras y olvidando por momentos a las tan llamativas hemorragias, fracturas y otras lesiones, que pueden esperar para ser tratadas una vez cumplidas las urgencias vitales.

GRAVEDAD DE LAS LESIONES

Los tejidos viscerales, sufrieron durante la biomecánica del accidente choques y contra choques, estiramientos, aplastamientos y vibraciones brutales y producido daños celulares variables e invisibles y en armonía con la violencia, elasticidad, nobleza y aún edad de cada órgano y tejido.

MUERTES APARENTES O INMINENCIA DE MUERTES

A estas víctimas son las primeras a las que hay que socorrer allí donde se encuentren, esto es, en el interior del vehículo donde puede estar aprisionada, en el borde de la carretera o en el barranco, Del pronto auxilio dependerá el poder volverlas a la vida o a la supervivencia.

Auxilio activo si, pero siempre condicionado a los conocimientos que se posean y a una actuación metódica y reglada.

Hay que enseñar a emplear especial técnica y prestar el auxilio antes de mover a las víctimas (si no existen peligros mayores como incendio, despeño, etc.), evitando a toda costa el retirarla actuando con tracciones y torsiones. Enseñar también que la cabeza no debe abandonarse a su propio peso y no proceder a evacuaciones precipitadas e inadecuadas basándose en supuestas urgencias de las que alguien bien capacitados llego a decir: ¡urgencias, cuantos crímenes se cometen en tu nombre!.

PRIMERO RESUCITAR Y REANIMAR

En las víctimas que no respiran o lo hacen difícilmente o con pobreza, hay que dar con urgencia la ayuda respiratoria mediante el boca-boca durante todo el tiempo que sea necesario, combinándolo o no con el masaje cardíaco.

LIBERAR Y POSICIÓN ADECUADA

Si hay que liberar a un aprisionado, enseñad a que se sacrifiquen puertas y cristales, asientos y volantes, parabrisas y soportes. Sobre estas partes muertas si que se pueden desarrollar fuerzas de tracción, torsión y fractura.

Cuando la vida vuelve y el herido se recupera, hay que colocarlo bien, de manera que la respiración y circulación se vean favorecidas. De ordinario, será la actitud llamada de “defensa, lateral o semi-ventral” la que les llevara al fin buscado, pero no se olvide que a estos heridos con su vida pendiente de un frágil hilo hay que manipularlos utilizando numerosas manos y brazos para movilizarlos en una pieza tal y como si se tratase de un valioso objeto al que no se le puede doblar, estirar ni torcer.

EVACUACIÓN

En aquellos iniciales tiempos de la década de los 60 y hasta los 70, ante la penuria de ambulancias, en último extremo, había que recurrir a vehículos capaces de ubicar a las víctimas en posiciones correctas y a quienes iban a prestarles un traslado asistido, utilizando para ello a furgones y furgonetas, pero ante la seguridad de la presencia de una ambulancia había que esperar el
tiempo necesario huyendo de utilitarios y afines. De ahí las palabras pronunciadas por autoridades de la Medicina y el Tráfico que decían “que era menos peligroso mantener a un herido media hora en la cuneta que un solo minuto en un utilitario”.

HOSPITALIZAR

Desde aquellos iniciales años, divulgamos al máximo algo que continúa teniendo vigencia; había que desechar el trasladar a las víctimas de tráfico a centros hospitalarios próximos al accidente, debiendo hacerlo a aquellos centros donde la asistencia estaba garantizada de inmediato y al completo, aún a costa de recorrer unos kilómetros más y emplear un mayor tiempo, pero siempre asistido y a velocidades moderadas.

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