Artículos y Consejos sobre Educación Vial
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CAPACIDAD Y TIEMPO DE REACCIóN ANTE EL PELIGRO
Dr. Usparitza, 18-01-2005
Se citan múltiples causas de diverso origen de los accidentes de tráfico, pero no se considera, analiza y profundiza sobre el mecanismo de acción fundamental de muchos de los accidentes, radicados en la capacidad y tiempo de reacción al peligro.
Lo mismo para enfrentarse con las situaciones de emergencia, que en la llamada “conducción defensiva”, que en cualquier contingencia que surja súbitamente en la vía pública o carreteras, el individuo conductor del vehículo de motor, tendrá más o menos probabilidades de salir con éxito de la situación, según los diversos factores que exponemos.
El tiempo y la capacidad de reacción al peligro que surge inesperadamente en la práctica de la conducción, están condicionados por una serie de vías, órganos y sistemas del cuerpo humano que forzosamente habrán de recorrerse. Vías que, partiendo principalmente del órgano de la visión (ojos), primer receptor del peligro, cataloga al ojo humano como un factor y eslabón fundamental de la cadena, sobre todo, en la vía aferente (de recepción hacia el cerebro). El segundo eslabón o factor igualmente importante es el Sistema Nervioso Central (cerebro), que no solamente recibe, percibe y registra las sensaciones visuales –en este caso el peligro-, sino que envía y actúa con la respuesta correspondiente (vía eferente, motriz), ordenando y mandando sobre huesos, articulaciones y músculos de miembros superiores e inferiores, que a su vez actúan sobre el volante, freno, claxon, cambio de velocidades, acelerador, embrague o mando de luces.
Todas las circunstancias, situaciones, defectos, deformidades, etc., que actúan o interfieran sobre cada uno de los órganos, sistemas y vías citados, camino obligatorio para obtener respuesta a una situación peligrosa que se plantea súbitamente en la carretera-, originarán una dificultad, una exagerada precipitación, una falta de coordinación, una lentitud y hasta una anulación de la respuesta, pudiendo ocasionar, como consecuencia, una situación grave de alcances insospechados.
Algunas de estas circunstancias son perennes en el conductor y forman parte integrante de su anatomía o fisiología “normal”. Quedan incluidos aquí los que no tienen corregidos adecuadamente los distintos defectos visuales, referidos a agudeza, campo visual, visión cromática, adaptación a la oscuridad, etc. Los epilépticos. Determinadas enfermedades cardio-vasculares. Los diabéticos que cursan con complicaciones. Defectos o deformidades de los miembros.
De aquí la necesidad de que los certificados médicos para obtener o renovar el carnet de conducir, se formulen con todo género de garantías.
Otras circunstancias que pueden interferir la respuesta a un peligro, son aquellas que dependen de factores circunstanciales como: el conducir fumando, empuñando el volante con una sola mano, el utilizar el teléfono móvil, con excesivo calor o deficiente ventilación, conducir con calzado o vestimenta inadecuada. Los que se encuentran bajo los efectos de una comida copiosa o inadecuada las circunstancias que dependen del propio vehículo (mal reglaje de los frenos, excesiva holgura del volante, estado de los neumáticos, etc.).
Solución: eliminar circunstancias adversas y control previo del vehículo.
Finalmente, pueden interferir circunstancias “añadidas” que, actuando momentáneamente sobre órganos, sistemas y vías, originan un estado especial en el que la capacidad y tiempo de reacción quedan más o menos alterados.
La fatiga, el sueño, el alcohol, la ingestión de fármacos, entre otros, son por si mismos o por la distracción que conllevan, situaciones que pueden comprometer la seguridad en la conducción.
Todos los factores citados y otros, pueden producir trastornos o perturbaciones en la visión (agudeza visual, vértigos, etc.), disminuir o relajar la atención, alterar la percepción de las distancias, provocar modorra, somnolencia, euforia, mareos, etc.
De todo lo reseñado se deduce que los fármacos que actúan negativamente sobre la conducción, deberán expenderse por prescripción facultativa, jamás auto-recetarse y en cuanto al control de la alcoholemia, además de ser obligado en casos de accidente o infracción a las normas, proliferar los controles preventivos en la vía pública y carreteras.
En definitiva, será preciso realizar serios trabajos y ensayos, rigurosas investigaciones, profundos estudios, cuidadosas indagaciones estadísticas sobre los mecanismos, los auténticos orígenes, las reales causas de los accidentes de tráfico para conocer mejor el por qué de todos los siniestros de tráfico y así señalar los que actúan sobre la capacidad y tiempo de reacción al peligro (Ver EL POR QUE DE LOS ACCIDENTES).
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