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Artículos y Consejos sobre Educación Vial

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EL AUXILIO SANITARIO EN CARRETERA, ANTES Y DESPUéS DE LA DYA
Dr. Usparitza, 18-01-2005

Corría el año 1.966 y la Asociación de Ayuda en Carretera, DYA, inició su balbuceante andadura sin apenas recursos para desenvolverse. Si los medios humanos de que se disponía de principio fueron escasos, la penuria de recursos económicos era prácticamente total.

En lo humano, en espíritu y afán de lucha de quienes fueron los pioneros de la DYA ofrecieron una ilusión sin límites. Con posterioridad, ellos consiguieron el don de la perseverancia, quizá lo más difícil de alcanzar, en derroteros que hablan únicamente de entrega y sacrificios a cambio de nada.

Llegó el venturoso día en que una entidad local, el Banco de Vizcaya, por medio de su Director D. Pedro Furundarena Aramberria (q.e.p.d), recogió con interés y afecto la petición de la DYA de una ambulancia que fue entregada como donación por la empresa IMOSA de Vitoria, vehículo industrial transformado que en aquel entonces, por toda adaptación y mejora en la suspensión, solamente variaba la elasticidad de sus neumáticos. Precisamente nuestro asesoramiento hizo modificar diseños de camillas y espacios, que los procedentes de fábrica no correspondían a una buena ética sanitaria.

Sin embargo, ya se había dado el paso decisivo: se disponía de un vehículo de asistencia sanitaria, el primero que en nuestra provincia y región (solamente existían ambulancias de tráfico en la N-1, Madrid-Irun y en la provincia de Valencia), que iba a desempeñar un papel trascendental en el porvenir inmediato y remoto de las víctimas de tráfico. En adelante, los accidentados comenzarían a tener en Bizkaia una atención más humana y por supuesto, más digna y correcta.

Pero faltaba algo que era esencial. El mentalizar al público para que solicitara los servicios de la DYA. Con ese objetivo, al tiempo que los medios de difusión colaboraban dando difusión al nuevo vital servicio, vio la luz pública el manual “Primeros Auxilios en Carretera”, que tan elogiado fue por las máximas autoridades médicas, incluidos los doctores Piedrola, Najera, Barnard, etc., y que fue la piedra angular de la posterior película de Primeros Auxilios galardonada en los certámenes de Bilbao y San Sebastián.

Pero a pesar de todo, pasaron muchos meses y el desánimo y la frustración embargaban a los servidores de las ambulancias, que primero en Boroa (Amorebieta) y con posterioridad en Muñatones (Somorrostro), base de las dos primeras ambulancias en servicio, contemplaban como circulaban los vehículos con pañuelo blanco, portadores de víctimas que no pocas veces llegaban sin vida a los centros de socorro.

Tal era el desánimo y la frustración del voluntariado pionero del auxilio sanitario en carretera de Bizkaia, que estábamos dispuestos a abandonarlo todo, al no ser compensados los esfuerzos y sacrificios de docenas de horas perdidas, sin ver colmados los anhelos e ilusiones.

Fueron los años, meses y días en que llegaba al “Cuarto de Socorro” del Hospital de Basurto un SEAT 600 con un atropellado sentado, acompañado de su esposa que trataba inútilmente que la víctima respondiera a sus angustiosas palabras. El accidentado había sido recogido con vida, pero llegaba al Hospital exánime, con la barbilla en flexión sobre el pecho, posición idónea para provocar una irremediable asfixia.

Eran los tiempos en que un accidentado con fractura abierta de tibia y peroné, atendido por un Agente de la Autoridad era introducido en el primer utilitario a mano, por el hecho de que “así le habían ordenado y lo venía haciendo desde hace 14 años” a pesar de que en este caso la ambulancia se encontraba –y el Agente lo conocía- ¡a tan solo 300 metros!. Era la época en que una mujer joven accidentada era trasladada en el asiento trasero de un vehículo ¡por un médico! e incluso sin acompañante alguno e inmediatamente de ingresar le fue amputado un brazo, falleciendo 8 días después por lesión medular alta. Eran los tiempos en que ejemplos como los citados se daban con frecuencia por falta de un servicio de ambulancias, para atender a los accidentados de tráfico y, asimismo, por una nula educación sanitaria.

SE CREA LA DYA

La Asociación de Ayuda en Carretera, DYA, tiene el inmenso orgullo de ostentar la bandera de haber conseguido en Bizkaia:

1º La mentalización y toma de conciencia de un elevado porcentaje de usuarios, incluidos los peatones –que lo somos todos- responsabilizándose en la cada vez más peligrosa circulación vial.

2º La prestación de una ayuda y auxilio a los accidentados de tráfico y posteriormente a los de todo origen y a los que súbitamente enferman.

3º Ante lo inevitable, ante el accidente consumado, prestando una atención cuidadosa, reglada, segura, adecuada, libre no solo de conductas improcedentes, torpes y alocadas sobre las víctimas, sino que también de prejuicios y egoísmos, continuando con una evacuación asistida y depositando en los centros de socorro a víctimas recuperables y no como con anterioridad a la creación de la DYA, que se recogían víctimas, se trasladaban torpe y precipitadamente moribundos, y se entregaban cuerpos sin vida.

He aquí por qué nuestro objetivo ha sido siempre el de tratar de sustraer de los hospitales y de la muerte el mayor número posible de víctimas, prestando a quienes han tenido la desgracia de sufrir un accidente del tipo que sea y a quienes enferman súbitamente la asistencia más cualificada posible.

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